En 2010 llegó como un joven imberbe en busca de un sueño, hoy se va como un hombre… como un malaguista más.
El 29 de diciembre de 2010 el tren de Ignacio Camacho llegaba a Málaga. Una ciudad que, sin él saberlo, iba a quedar marcada en su corazón para siempre. Seis temporadas y media. Siete años en los que, como él recalca, “he formado una familia y ha nacido mi hijo, malagueño y malaguista”.
Después de todo este viaje juntos, futbolísticamente y a nivel personal, su despedida hoy en La Rosaleda ha sido la confirmación de esta historia de amor: “Se va un malaguista, pero esté donde esté os llevaré en mi corazón. Gracias, Málaga, por tanto. Volveré…". Gracias a ti, por tanto, te tomamos la palabra.