Uno de los sentimientos más bellos que se pueden experimentar es el afecto a lo que nos representa. A lo que nos pertenece y a lo que pertenecemos. A lo nuestro.
La Calle Larios es una de las vías más admiradas del mundo. Con sus 350 metros de longitud, vertebra con majestuosidad el epicentro de la ciudad ante la admiración de visitantes y locales. Cada año, reúne por decreto a una incuantificable cantidad de personas en las señaladas Feria, Semana Santa y Navidad. Testigo de innumerables primeras citas, su belleza, lejos de decaer, aumenta con el inexorable paso del tiempo. Comercios de gran calado internacional se cotizan sus escaparates para mostrar sus mejores productos. Un elegante salón a la altura del hogar de los malagueños y malagueñas.
La Semana Santa de Málaga es una de las expresiones religiosas y culturales más importantes del planeta. Sus tallas son consideradas obras de primerísimo nivel y la característica forma de procesionar, sobre un trono, es una seña de identidad absolutamente inequívoca. Las enormes y pesadas estructuras, con gran valor artístico de por sí, son movidas con precisión milimétrica por los portadores que prestan sus hombros y riñones aunando esfuerzo, pasión y mimo. El vaivén de sus pasos, cadenciosos y acompasados con la música, dotan a las representaciones de Jesús Nazareno y la Virgen María de una puesta en escena tan bella como única.
Los malagueños y malagueñas llevan dos siglos asando pescado con una de las técnicas más singulares y efectivas que se conocen, el espeto. Pese a la sencillez que presenta, su correcta ejecución no es nada fácil. La preparación de la caña, el inserto de la sardina -producto estrella-, el punto de sal, elegir el mejor momento de la ascua y la distancia correcta, son factores que determinan a un buen espeto. Una vez en el plato, su tacto y sabor son inconfundibles. El pequeño crujir del primer bocado precede al exquisito punto de asado, perfecto para el mejor producto autóctono. Un sabor y un olor tan inconfundibles como apetecibles que se han convertido en un patrimonio de valor incalculable.
Esta tierra cuenta con muchos tesoros más, tantos que sería imposible enumerarlos a todos. Es difícil encontrar a un malagueño que no sienta orgullo por cualquiera de ellos. No es sencillo imaginar a un malacitano criticarlos abiertamente. Es lógico, el amor a lo propio es uno de los sentimientos más bonitos que se pueden tener. Sin embargo, este afecto no todo el mundo lo puede experimentar con la misma intensidad. Es uno de los caballos de batalla que vive constantemente el malaguismo.
El amor a lo propio es una de las cosas más hermosas que se pueden sentir. No apreciarlo no es un delito, ni un pecado, ni siquiera es reprochable. No sentirlo, simplemente, es una pena.
#AmorALoPropio