La inolvidable etapa de Joaquín Peiró dejó paso a una breve, pero recordada, campaña con Juande Ramos al frente del banquillo malaguista. Y Juan Ramón Muñiz -hombre clave en el futuro devenir deportivo del Club-, como segundo entrenador. Las dudas, como casi siempre ocurría en el entorno malaguista durante las pretemporadas en la máxima categoría, sembraron un nuevo proyecto -el quinto- en Primera División.
Recomponer un equipo con el sello del ‘Galgo del Metropolitano’ no era tarea fácil, más aún cuando se perdieron efectivos convertidos en símbolos del Club caso de Contreras, Bravo, Roteta, Sandro, Dely Valdés o Darío Silva. Sobre todo, la parte ofensiva perdía una media cercana a los 30 goles por temporada que garantizaban la ‘Doble D’. Justo antes del cierre de fichajes en el mercado veraniego, el Málaga fichó al que se convertiría en estilete ofensivo con una veintena de goles entre Liga y Copa en aquella campaña: Salva Ballesta. Junto al punta charrúa Diego Alonso o el enganche argentino ‘Pocho’ Insúa’, reforzaron una parcela clave que había quedado maltrecha.
Ante tanto cambio, el ‘estilo Juande’ de equipo rocoso, con las líneas juntas, solidario, de fuerte presión en el centro del campo, transiciones rápidas y agresivo en ataque, no tardó en aparecer en el campeonato liguero. Si bien a mitad del mismo se llegaron a perder hasta seis encuentros de manera consecutiva, el equipo mantuvo una buena línea de regularidad y bordeó puestos europeos hasta el final de aquel ejercicio, superando en mucho las expectativas y los malos augurios de inicios de año.
Uno de los momentos más recordados por el malaguismo se produjo en la 14ª jornada de Liga en La Rosaleda. El rival, el todopoderoso Barça de Rijkaard. Tarde-noche lluviosa en Martiricos en la que los pupilos de Juande desarbolaron a un títere culé superado por la descomunal efectividad de Salva (3 goles), complementada por los tantos de Alonso y Canabal. Fue un 5-1 inolvidable que ejemplificó perfectamente las capacidades de un técnico, Juande Ramos, de sacar el máximo rendimiento a una plantilla que completó una más que notable campaña en números y juego, acabando en 10ª plaza.
Salva Ballesta, con 19 goles anotados, fue el máximo artillero malaguista en el campeonato liguero. El maño marcó tres más en la Copa, para un total de 22 aquella campaña. El uruguayo Diego Alonso, con 6 dianas, fue el segundo mejor goleador en Liga del Málaga.

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